Migrantes: depresión y el síndrome del eterno viajero
- Valentina londoño
- 24 feb
- 4 Min. de lectura

El proceso migratorio no solo implica cambios geográficos, sino también desafíos emocionales. La adaptación a un nuevo país puede generar soledad, estrés y el llamado "síndrome del eterno viajero", una sensación de no pertenecer a ningún lugar.
Este proceso representa todo un desafío para quienes abandonan su país, con la esperanza de un mejor futuro en el nuevo lugar donde se van a establecer. Lo que poco se habla al respecto son los problemas de salud mental que esto conlleva, aunque en cierta medida los migrantes ven mejoras en su calidad de vida, también pueden presentarse sentimientos de soledad y tristeza.
Es necesario pasar por un proceso de adaptación a las costumbres, a la cultura y a la gente que habita en el nuevo lugar. Muchos migrantes pueden sentir frustración por no entender el idioma u otros problemas como estar solos; además, conseguir un trabajo estable puede volverse un problema tedioso, especialmente cuando llevan toda la responsabilidad económica de su familia.
El miedo a ser deportado cuando no se tiene un estatus legal en el país es otro factor para que los migrantes sientan temor, tristeza y depresión. Otros migrantes, se aventuran a esta experiencia completamente solos y aunque para algunos no represente ningún problema, ya que están acostumbrados o les gusta la soledad, lo cierto es que una gran mayoría de migrantes pueden tener sentimientos de tristeza y abandono; el problema radica también en que puede ser difícil hacer nuevas redes de apoyos o amigos con los cuales compartir más allá del trabajo.
Algunas personas migran con la esperanza de trabajar, conseguir un capital económico y devolverse a su país de origen. Otros, chocan con la realidad de que vivir en el nuevo país les afecta más de lo que los benefician y se devuelven a su país de origen antes de lo previsto. Sin embargo, y para sorpresa de algunos, no siempre llegar al país de origen suele ser la solución a sus problemas emocionales y aquí es donde entra lo que se conoce como el "síndrome del eterno viajero".
El síndrome del eterno viajero se asocia con una insatisfacción constante por permanecer en un solo lugar. En los migrantes, esto se puede ver reflejado cuando tienen la oportunidad de regresar nuevamente en su país de origen, aquel que anhelaban volver a pisar, sin embargo, cuando lo hacen descubren que ya no se sienten cómodos. Lo que antes consideraban su hogar ya no les resulta familiar, y esto puede generar una sensación de vacío e incertidumbre.
Al no encontrar en su país de origen el bienestar que esperaban, muchos deciden volver a migrar, pero nuevamente enfrentan la dificultad de no sentirse completamente parte del nuevo entorno. Es decir, se convierte en una búsqueda de identidad interminable, una sensación de no pertenecer realmente a ningún lugar y de estar atrapados en un ciclo de movimiento constante sin encontrar estabilidad, pueden llegar a sentir que no encajan completamente.
Estos sentimientos pueden estar acompañados de la percepción de que se sigue en transito y la estancia en cualquier lugar es solo temporal, incluso cuando han decidido establecerse de manera permanente. La nostalgia, la idealización de otros lugares y la dificultad para crear raíces pueden generar un estado de insatisfacción crónica que impacta en su bienestar emocional y su calidad de vida.
Algunos consejos para sobrellevar la tristeza y la depresión si eres migrante:
Comunicarte:
Hablar sobre tus emociones y experiencias puede ayudarte a procesarlas mejor. Puedes hacerlo con familiares, amigos o incluso grupos de apoyo de migrantes. Comunicarte te va a permitir liberar tensiones emocionales y encontrar personas que compartan experiencias similares.
Socializar:
Construir nuevas relaciones y vínculos es fundamental para evitar el aislamiento. Busca actividades donde puedas conocer personas, como eventos comunitarios, clases de idiomas, clubes o grupos de interés. Tener una red de apoyo, aunque sea pequeña, hará que la adaptación sea más llevadera.
Trabajo emocional:
La migración implica realizar un proceso de duelo, por ende, es importante aceptar que la nostalgia es normal, pero también hay que enfocarse en el presente y en construir una nueva vida. Practicar la gratitud, llevar un diario emocional o acudir a terapia pueden ser herramientas clave para gestionar el estrés y la ansiedad.
Crear rutinas y establecer objetivos:
Tener una rutina diaria estructurada puede dar estabilidad y sentido de propósito. Además, fijarse metas realistas, como aprender el idioma, encontrar un empleo o conocer nuevos lugares, ayuda a mantener la motivación y a generar una sensación de progreso.
Conectar con tu cultura sin aferrarte al pasado:
Es positivo mantener costumbres y tradiciones de tu país de origen, pero sin compararlo constantemente con tu nueva realidad. Es necesario encontrar un equilibrio entre mantener tu identidad y abrirte a nuevas experiencias que permitan integrarte sin perder tu esencia.
Busca ayuda profesional si es necesario:
Si la tristeza, la ansiedad o la sensación de no pertenecer se vuelven abrumadoras y afectan tu calidad de vida, considera buscar ayuda profesional. Existen psicoterapeutas especializados en migración que pueden ayudarte a gestionar mejor estas emociones.
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